Gloria a Dios

El ruego de Jesús al contemplar la cruz fue que Él pudiera glorificar a su Padre (Jn 17.1). Ese debe ser también el deseo de nuestro corazón.

Cuando despertemos cada mañana para iniciar un nuevo día y las noticias de tragedias o victorias lleguen a nosotros, nuestro ruego debe ser: “Padre, glorifícate”. En las tareas más sencillas y en las más difíciles, el anhelo del cristiano debe ser que Dios sea glorificado.

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